Asertividad y resiliencia

Publicado el 04-11-2016

Categoría Analisis

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El liderazgo tiene mucho que ver con la asertividad, porque el líder se relaciona a menudo con los demás mediante palabras. En las reuniones grupales, o en las entrevistas con sus jefes y colaboradores, se pierden o ganan puntos de liderazgo.

La asertividad se puede definir como el arte de expresarse de forma honesta y congruente sin perjudicar nuestra relación con el otro. La asertividad se encuentra en un punto intermedio entre dos polos contrapuestos, en uno de los cuales está la conducta pasiva (“te digo lo que quieres oír”, “digo que sí a todo lo que me pides”, etc.) y en el otro está la conducta agresiva (“sólo me interesa lo que satisface mis intereses y necesidades”, “yo soy el único que tiene derecho a salirse con la suya” y cosas por el estilo).

Cuando nos relacionamos de manera asertiva con nuestros jefes, colaboradores o compañeros del trabajo, nuestra comunicación resulta satisfactoria y productiva, se alcanzan las sinergias propias del trabajo en equipo y evolucionamos positivamente al encontrar los puntos de interés común con los otros.

Por otro lado, está la resiliencia, que es la capacidad de superar una adversidad y convertirla en una experiencia enriquecedora para nuestra personalidad. Las personas resilientes son las primeras que reaccionan en una situación catastrófica, porque empiezan antes que los demás a recuperarse de los efectos destructivos de la misma. No solo se reponen de las pérdidas, sino que, incluso, son capaces de restaurar la pérdida adoptando cambios que les hacen ser mejores de lo que eran antes de experimentarla.

Para fortalecer nuestras conductas de asertividad y resiliencia es conveniente poner en cuestión nuestras reacciones automáticas, revisar las respuestas típicas y tópicas que damos a los demás cuando nos piden algo, nos proponen un cambio que no hemos pedido o nos acusan de que les hayamos ocasionado un perjuicio. La serenidad de ánimo se alcanza cuando elegimos el momento de actuar, esto es lo contrario de actuar “en caliente”, cuando la situación parece urgirnos a adoptar decisiones inmediatas. Muchas decisiones se toman por un complejo conjunto de razones emocionales que envolvemos con argumentos racionales. Todos tenemos tendencia a considerar que los otros no actúan de forma racional pero, como dice el refrán, el sentido común es el menos común de los sentidos.

Cuando analizamos el punto de vista del otro, lo podemos considerar incompatible con el nuestro (a esto lo llamamos juegos de “suma cero”, lo que gano yo es a costa de que el otro no saque nada en positivo), lo que nos avoca al conflicto; o podemos averiguar lo que hay detrás de esa posición, si decidimos explorar las razones ocultas de ese punto de vista, descubriremos que podemos enriquecer el nuestro con las aportaciones del otro. Esos matices, esa visión desde una nueva perspectiva, lejos de quitarnos , nos ayuda a sacar una versión mejor de nosotros mismos, siendo el resultado muy gratificante para ambas partes. En este proceso resulta determinante averiguar los intereses y necesidades que sostienen el posicionamiento de la otra parte.

Para forzarnos a repetir este proceso, que no siempre es fácil y casi nunca agradable las primeras veces, recomiendo tener en mente la siguiente frase: “Señor, dame fuerzas para cambiar las cosas que deben ser cambiadas, serenidad para aceptar las cosas que no pueden ser cambiadas y sabiduría para diferenciar las unas de las otras.

Alex Mora

coach

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