La calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia.

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Las cosas que superan nuestras expectativas no son producto de la casualidad. Muchos hombres y mujeres se esfuerzan a diario para lograr mejorar los ordenadores, los automóviles, los lápices.

Ese esfuerzo colectivo deja por el camino muchos intentos infructuosos de alcanzar la excelencia, sin embargo merece la pena el empeño. Sólo cuando das lo mejor de tí mismo puedes concebir cabalmente una versión mejorada de tu persona. Cuando te concentras en un objetivo trascendente empiezas a focalizar la atención en ese proceso con la misma intensidad que un niño pequeño cuando juega abstraído, con sus cinco sentidos. Esto es lo que se conoce como una "experiencia de flujo".

Cuando experimentas esa sensación, el trabajo, la dedicación y el esfuerzo cobran sentido, aunque no lleguen los resultados esperados, la experiencia merece la pena porque "lo has dado todo".

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