No hay talento más valioso que el de no usar dos palabras cuando basta una

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Hoy en día se sobrevalora el arte de la elocuencia cuando lo que debe indicarnos la medida de las personas son sus hechos.

En liderazgo evolutivo somos conscientes de lo importante que es comunicar para el ejercicio del liderazgo, pero no creemos en los discursos vacíos de contenido. Nos gusta trabajar una idea para hacerla apetecible, vinculándola con los intereses y necesidades de nuestra gente.

El lenguaje persuasivo recurre frecuentemente a las metáforas pero resulta más efectivo cuando se acompaña de experiencias propias del emisor. Compartir experiencia es una de las cualidades del lider-coach, especialmente cuando se refiere a situaciones difíciles de las que supimos extraer aprendizajes valiosos.

El dominio de la retórica se alcanza practicando mucho y en diferentes circunstancias, no bastan los buenos consejos, hay que desarrollar destrezas. Por otro lado, todos conocemos casos de personas que compensan su escasa fluidez oral con una forma de exponer que resulta convincente por lo contundente de los argumentos y la confianza que despiertan al exponerlos. Seguramente Jefferson pensaba en tipos así cuando acuñó su frase.

Para nosotros, la utilidad de la retórica consiste en utilizar ideas propias para solicitar la adhesión voluntaria de las personas que nos interesan, hacerlo de forma convincente para nosotros mismos y, de esa manera, resultar creíble para los demás.

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